La ceremonia Japonesa del Té

El origen de la ceremonia japonesa del té se remonta a un milenio atrás aproximadamente, cuando los nobles japoneses incorporaron esta bebida a sus ritos mundanos. Además de competir en cuanto a calidad y belleza de los utensilios, que revelaba el estatus social de una familia, elaboraron una larga y compleja ceremonia denominada Cha no you.

Ceremonia de té

Ceremonia japonesa de té

El ritual, cuyo espíritu ha sobrevivido hasta nuestros días, empezaba con la bienvenida silenciosa que brindaba el anfitrión a sus invitados desde la puerta del jardín.

Muchos nobles tenían una casita de té separada de la vivienda para esta celebración, decorada con un centro de flores sencillas que no debía tapar el cesto que contenía.

Una vez reunidos, se encendía el fuego y se ofrecía a los invitados una comida ligera a base de sopas, legumbres y dulces. Terminada la comida, se retiraban los platos y los comensales se aseaban las bocas y las manos.

Acto seguido, el anfitrión ponía tres cucharadas de té verde en un bol y añadía un poco de agua caliente.

Cuando la masa estaba ya bien ligera, el anfitrión ofrecía el recipiente al huesped de honor, que apoyaba el bol en la palma de la mano izquierda y lo sujetaba con los dedos de la derecha.

Tras un primer sorbo, era costumbre que el anfitrión preguntase al huesped de honor su opinión sobre el servido y este, a su vez se interesara por el origen y variedad de la planta. Después el huesped pasaba el bol al resto de invitados.

Cuando todos los comensales habían probado el, siempre en el silencio más absoluto, la ceremonia concluía.

Este bello ritual persiste, si bien de otra manera, en el Japón actual y tiene unos códigos muy rigurosos. En la conversación, no se habla de política ni de otros temas que puedan dar lugar a la polémica o incomodar a los invitados.

Así mismo, el anfitrión y los invitados deben abtenerse de alabar a ninguno de los presentes.

Las casas de té están decoradas con extrema austeridad, primando la elegancia de las formas sobre los detalles irrelevantes. El silencio, la armonía, la atmósfera en general es esencial para llevar a cabo este rito de rescatar la calma al final de un día ajetreado.

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